Poesía

 

Cesc Fortuny i Fabré

Yo vivo el fenómeno poético como un taller de experimentación. Es más, lo uso como el forense criminalista usa la camilla para hacer autopsias. Bueno, al menos en cuanto a la sintaxis y a la gramática en general se refiere, no vayas a pensar que me meto un lingotazo de “vics vaporup” bajo la napia, y con el visturí en una mano y el bocata en la otra, me lanzo sobre un cadáver en plan, ¡al agua patos! … errr … no.

La temática de mis poemas suele ser existencialista, un tanto influida por los filósofos de mediados del siglo XX, es decir, que la cosa suena más pesimista que estar rodeado de tiburones en pleno océano, con un cordero degollado en brazos.


A mi me cuesta bastante definir lo que hago, un poco porqué cuando lo intento me suena pretencioso, y otro poco por la falta de perspectiva. Así que mejor te dejo aquí cosas que generosamente han dicho de mi otros, y que como son cosas buenas, pues me hincho el ego y de paso quedo como un sultán.


… además de dedicarse a las artes plásticas, escribe poesía, relatos y ensayo. También es músico y miembro de algunas bandas de música experimental. Un ser polifacético, sin duda; raro, por lo tanto, en una sociedad que reclama cada vez más especialistas en esto, en aquello, ignorando la educación integral, la vieja y tan necesaria formación humanística

La poesía de Fortuny es finalista o, para los que hayan interpretado mejor a Nietzsche, escatológica, que es lo mismo que decir finalista, naturalmente. Y me apresuro a añadirlo para que no se malentienda el resultado semántico.

Bien; no es sólo escatológica. La poesía de Fortuny es intencionadamente epatante, asociada al rapto expresivo, al automatismo, a la alucinación o al sueño, como incumbía a Nerval; es deliberadamente informe, poseída por una abundancia de prosopopeyas que humaniza lo inane y de cosificaciones que objetivan lo animado; es una poesía perifrástica, dilógica, asindética, hirsuta, aliterativa, muros morfológicos todos apropiados para preservarla en su prístina esencialidad.


Manuel Martinez Forega

 

Su poesía tiene mucho de nihilismo, aunque interpretado desde un punto de vista personalísimo, más próximo tal vez al que encontramos en el Eclesiastés que en Nietzsche o Heidegger. Es un nihilismo entendido como desprecio de la realidad (en la cual sin duda no cree: “El infierno es la única realidad de la existencia”, dice el primer verso de uno de sus poemas) y que le lleva a anhelar la enajenación mental como liberación de la consciencia.


Albert Lázaro Tinaut

 

Encarrilado en una corriente neoexistencial, Cesc Fortuny describe/denuncia la caída a una alucinación apocalíptica, descarnada de lo cierto; vidas ultimadas por las lacras de la ceguera y el descontrol, hombres perdidos entre vanidades, vicios y muertes innecesarias, componiendo la horrorosa instantánea que ve fuera de sí y que refleja en los paisajes de adentro. Atraviesa las redes temporales o espaciales, los órdenes establecidos, el aire, el agua, pero siempre vuelve a la madera o a la semilla de un modo lacerado y penoso, donde su yo se articula a la caza de un sentido.


Ricardo Rubio

 

La obra de Cesc Fortuny está trenzada de añoranza, sufrimiento, huida, éxodo; partiendo de una base primariamente orgánica, los fluidos y los jugos son capaces de llevarnos a la reflexión sobre la eternidad, el infinito o el vacío, no es nada extraño encontrarnos con huesos, hígados u otras vísceras en una extraña mezcla de sentidos, podemos oler las huellas, vomitar telarañas, o sumergirnos en la mutilación, infección o enfermedad, para llegar a la liberación del ser humano.

Marian Raméntol

 

 

Publicar un comentario

0 Comentarios